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Agel y el secreto del trapezoide

Hace unos días, en una fiesta privada, un añejo promotor inmobiliario, de los de gomina y dedos gordos, me secuestró durante dos horas para intentar venderme el no-va-más del mercado multinivel en España: Agel, unos sobrecitos de gel dulce y nutritivo que prometen llevarme por el camino de la inmortalidad y riqueza haciéndome socio y engañando a otros para serlo. Acepto el gel como jabón lubricante de su penetrante farsa y me dispongo a profundizar en sus entrañas. Una estafa moral con connivencia legal y buenas dosis de marketing americano.

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