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“Soy del sur de Senegal, pertenezco a la minoría étnica mandinca para la que una mujer es menos que una cabra. Mi padre consiguió muy joven una beca para estudiar fuera. Y nos contaba cómo sus hermanas de trece años desaparecieron para casarse con hombres de otros países de la misma etnia. Nos decía que como mujeres mandincas y africanas teníamos que estudiar y luchar, aprovechar que él había salido adelante como intérprete en Bélgica. Siempre pensé que esta suerte me había venido para algo y que no iba a quedarme en Europa como abogada, sino
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