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Las Administraciones Públicas cada vez son más dependientes de los desarrollos de empresas externas que desconocen el entorno, no tienen acceso directo al usuario final y muchas veces no tienen claro qué se espera de ellas hasta que se ponen a la tarea, una vez ganado el concurso.
menéame
El código de la mayoría de las aplicaciones que se utilizan en la Administración no debería estar al alcance de todos. Pero sí debería estar al alcance de la propia Administración que lo ha comprado. Esto no sucede en muchos casos.
ahora me direis que las autonomías, etc, pero al igual que tenemos unas leyes nacionales, un IVA nacional... lo mismo para el software, no es tan difícil
Lo primero, una simple página web de la administración nunca estará acabada, porque siempre se pueden añadir nuevos requerimientos, nuevas características y mejoras. La cantidad de datos, empleados y "clientes" que manejan las administraciones dan suficiente trabajo como para mantener cientos de proyectos durante diez años. Es un gran fallo, por ejemplo, invertir hoy una gran cantidad de dinero en modernizar los sistemas del sistema judicial y al acabar el proyecto, no exista ningún mantenimiento sobre el código, no se arreglen fallos, no se añadan nuevas funcionalidades. Un proyecto de tal envergadura tomaría al menos 2 años para llegar al punto de tener algo funcional y desde ahí mantener un desarrollo continuo. No creo que mantener un equipo de desarrollo para algo tan importante sea un despilfarro.
Otro aspecto es el psicológico. Un equipo el cual siente una responsabilidad y una sensación de que el proyecto le pertenece, siempre va a trabajar mejor que un equipo de externos y si además, se utiliza una metodología abierta de desarrollo donde se implique a los ciudadanos, haría de la calidad incomparable a lo que hay hoy en día.
La administración debe facilitar la implicación de los ciudadanos en esto. Seguro que más de uno de nosotros habría cogido la web del senado y habría arreglado esa mierda en dos semanas sin cobrar nada.
El problema en esto se reduce a lo de siempre, el amiguismo, la brecha tecnológica de los políticos y altos cargos públicos y a la burocracia.