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A sus 99 años, viuda, con una escueta pensión y sin hijos, Adela está sola en el mundo. No quiere dejar su casa. "Ha llegado a ponerse de rodillas en nuestra puerta suplicando que no la abandonemos", cuenta el vecino con impotencia. Podría no ser necesario si los Servicios Sociales no se limitaran a cambiar las cerraduras de las puertas y atendieran a lo que hay tras ellas.
menéame
Esta señora es muy libre de no querer ir a una residencia, pero no por eso le voy a aplaudir.
Y no os olvidéis que el 80% de los ancianos están cuidando de sus nietos. Sobre todo esta generación que les ha tocado cuidar de sus padres, hijos y por si fuera poco, ahora los nietos. Buen pago a toda esa vida de sacrificio "acabar en una residencia cuando ya no sirven".