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Si el Gobierno saca adelante su reforma de la ley de puertos de 2003, las mejores vistas al mar estarán al alcance de todo aquel que pueda pagar por dormir junto a ellas. Están en los faros que señalan y coronan los puntos más destacados del litoral mallorquín, jalonado por 16 torres de señalización que, con la reforma legal en la mano, podrían albergar negocios hoteleros tales como restaurantes, bares y hoteles.
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