- No, muchas gracias, ya lo cogeré en la gasolinera que tengo al lado del trabajo. Si te vuelvo a ver te invitaré con mucho gusto a una cerveza porque nunca olvidaré este detalle que has tenido, y tal vez entonces te cuente por qué.
Le veo satisfecho y ofreciéndole mi mano, pregunto:
- ¿Cómo te llamas, amigo?
- Alejandro.
- ... Anda, como mi padre
He llegado una hora tarde al trabajo y he aprendido que se puede cerrar una puerta para siempre sin rencor. Y me siento muy bien por eso.
@fraymaltes No te lo tomes como una crítica malvada, ni como ganas de dejar de leer historias como la que acabas de contar, pero ... ¿Has considerado hacerte un blog?
Así historias más largas de 1000 caracteres como esa serían mucho más fáciles de leer, sin interrupciones y si llegas tarde, no tienes que rebuscar entre todas las notas para ver qué notas forman parte de la historia e ingeniártelas para leerlas en orden.
Seguro que mucha gente se haría asidua a ese blog con cosas como las que cuentas.
Este hombre @fraymaltes es un genio. Espero sepáis valorar como merece tamaña exhibición de entrañas y ya después seguir con cualquier otra cosa de dudosa relevancia al medirse con la autoridad que confiere su relato.
- No, muchas gracias, ya lo cogeré en la gasolinera que tengo al lado del trabajo. Si te vuelvo a ver te invitaré con mucho gusto a una cerveza porque nunca olvidaré este detalle que has tenido, y tal vez entonces te cuente por qué.
Le veo satisfecho y ofreciéndole mi mano, pregunto:
- ¿Cómo te llamas, amigo?
- Alejandro.
- ... Anda, como mi padre
He llegado una hora tarde al trabajo y he aprendido que se puede cerrar una puerta para siempre sin rencor. Y me siento muy bien por eso.
Gracias por la lección, Alejandro.
Cómo te echo de echo de menos, papá.
FIN, por fin.