Hoy también trabajo de noche y he salido de casa pensando en un cuento para escribir.
"Una pájara pidió ayuda a un palomo (nombre que recibe el pichón adulto). << Estoy herida por la crisis y no puedo volar; necesito que me acojas en tu nido una temporada hasta que me recupere>>
El palomo aceptó con gusto, no sin cierto reparo.
La pájara anidó en octubre, decoró el nido con mucha gracia y talento y el palomo salía a cazar y traía las mejores semillas e insectos que podía permitirse para todos, feliz.
A mediados de enero la pájara pudo volar y empezó a cazar, pero no cambió de nido.
Una noche el palomo salió para abastecer. Durmió por la mañana, se levantó a mediodía y vió un plato con sobras de arroz. Buscó en la cocina del nido, pero no había más.
- Pájara, ¿por qué no has echado un puñado más de arroz para que comiera yo también?
- He traído solo una dosis para el pajarito. Yo no he comido.
Cuando el palomo salió a trabajar, también de noche, fue a tirar la basura y vio trozos de pan en la bolsa y algo más que le hirió. Fue entonces cuando la pájara perdió el postizo de plumas que llevaba dejando ver su cuello desnudo, su grotesco pico y su calva. El aire empezó a oler a carroña con súbitos, dolorosos y no bien enterrados recuerdos. "
FIN
Es carnaval y hay caos en las líneas y paradas de autobús por el desfile en el centro. He hecho transbordo dios sabe dónde, después de preguntar a quienes deberían saber, pero que no sabían. Caos total. Por fin doy con la presunta parada y llamo al trabajo anunciando el retraso.
En los setenta minutos que he esperado al bus he hablado un poco con un tipo curioso, humilde y dicharachero que esperaba al mismo que yo. De unos cincuenta años, algunos dirían que bastante desfasado o estrambótico por su aspecto, otros dirían que fiel a sus principios en cuanto al vestir. En fin...
"Una pájara pidió ayuda a un palomo (nombre que recibe el pichón adulto). << Estoy herida por la crisis y no puedo volar; necesito que me acojas en tu nido una temporada hasta que me recupere>>
El palomo aceptó con gusto, no sin cierto reparo.
La pájara anidó en octubre, decoró el nido con mucha gracia y talento y el palomo salía a cazar y traía las mejores semillas e insectos que podía permitirse para todos, feliz.
A mediados de enero la pájara pudo volar y empezó a cazar, pero no cambió de nido.
Una noche el palomo salió para abastecer. Durmió por la mañana, se levantó a mediodía y vió un plato con sobras de arroz. Buscó en la cocina del nido, pero no había más.
- Pájara, ¿por qué no has echado un puñado más de arroz para que comiera yo también?
- He traído solo una dosis para el pajarito. Yo no he comido.
Sigue