De vuelta de unos días disfrutando de la naturaleza. Ayer, lunes martes participé en un evento popular en un bello pueblo de la geografía patria. Se trataba de una especie de bingo o "quina" en la que, previo abono de unos eurillos por un cartón numerado, te pueden tocar, en sucesivos sorteos, desde unas chancletas a un Ipad.
Todo fue bien mientras los premios fueron una tostadora, una "panera" de embutidos locales y cosas así... Pero no os podéis imaginar el agobio y el sudor frío que me entraron cuando se acababa la velada y empezaron a salir los premios gordos. Por increíble que parezca, ayer estuve a un número (el 23) de traerme a Barcelona una oveja...
- He estado este fin de semana en el pueblo de la mujer. Eran fiestas y sorteaban un cerdito. Pues nos ha tocado y me lo he traído a casa. ¡Y está vivo!
- ¡No me digas! ¿Tienes un cerdo vivo en casa?
- Sí, tío. Ahí está, lo hemos metido debajo de la cama.
- ¡No fastidies! ¿Debajo de la cama? ¡Pero si tiene que oler a hostias!
De vuelta de unos días disfrutando de la naturaleza. Ayer,
lunesmartes participé en un evento popular en un bello pueblo de la geografía patria. Se trataba de una especie de bingo o "quina" en la que, previo abono de unos eurillos por un cartón numerado, te pueden tocar, en sucesivos sorteos, desde unas chancletas a un Ipad.Todo fue bien mientras los premios fueron una tostadora, una "panera" de embutidos locales y cosas así... Pero no os podéis imaginar el agobio y el sudor frío que me entraron cuando se acababa la velada y empezaron a salir los premios gordos. Por increíble que parezca, ayer estuve a un número (el 23) de traerme a Barcelona una oveja...