1. hugamen Va, la mía: 15-16 años. Yo volvía borracho como una mona, de fiesta, un sábado por la noche. Mi perra, una cocker, siempre acudía en cuanto entraba en casa a saludarme medio dormida y se tumbaba boca arriba para que yo me tumbase encima, arropándola con el cuerpo y le acariciase la cabeza. Ese día me dio por llamar a una chica con la que estaba medio tonteando y mientras hablaba yo estaba con mi perrita. En esas estaba cuando vi que tenía las orejas estiradas por todo el suelo y como venía juguetón le soplé en ellas (algo que ella odiaba). Se levantó, abrió la boca y enganchó mi nariz, haciéndome una raja que llegaba hasta la mitad de ésta. Apurado, colgué el teléfono, fui al baño sangrando como un cochinillo y, como no encontraba el botiquín, me eché after shave y me tapé con papel higiénico y cinta aislante. La perra, mientras, sabedora de lo que había hecho, con las orejas gachas y cara de pena mirándome de lejos... @sigue

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  1. hugamen Viene de @hugamen Me acerqué a ella y le di un besico. Después, sangrando aun, fui a la habitación de mi madre y le dije que la perra me había mordido y me había desgarrado la nariz. Esa mujer que me parió y me crió, que me dio amor cuando era chiquillo, preguntó que por qué, le dije que por hacer rabiar a la perra y me respondió: "por gilipollas", y se volvió a dormir.
    Al día siguiente tenía la cara totalmente hinchada y mi madre al verme dice: "pues eso tiene un punto por lo menos, pero ya no, está seco".
    La cosa es que desde entonces tengo la nariz rajada, con una cicatriz bien hermosa que hace que la narina izquierda esté partida por la mitad. Y me encanta, porque esa perra, por cosas de la vida, significó mucho para mí. Y siempre la llevaré con mucho cariño.

    Hale.

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