Mi hermana me acaba de contar lo que le ha pasado a un amigo suyo muy querido. Él salía por la noche con su novio y una chica. Se acercan a un garito y el portero no les deja entrar. "Esos pendientes y ese peinado" decía. El caso es que se apartan y se quedan a discutir a dónde van a ir a continuación.
De repente, sin venir a cuento, sin provocación mediante, el orangután le pega tres salvajes puñetazos al chico. Se quedan los tres un poco desconcertados y deciden irse de allí rápidamente. Están a punto de doblar la esquina y observan cómo se acercan a ellos el mismo bastardo de antes con otros seis amiguitos porteros, hijos de puta, malnacidos, escoria (se habían avisado con el pinganillo), y comienzan a propinarles una paliza brutal, contra el suelo, contra la pared, también a la chica (¿Te creías que por ser chica no te íbamos a pegar?). Patadas en el estómago, en la cabeza, sin piedad, llamándolos "maricones".
Mi hermana me acaba de contar lo que le ha pasado a un amigo suyo muy querido. Él salía por la noche con su novio y una chica. Se acercan a un garito y el portero no les deja entrar. "Esos pendientes y ese peinado" decía. El caso es que se apartan y se quedan a discutir a dónde van a ir a continuación.
De repente, sin venir a cuento, sin provocación mediante, el orangután le pega tres salvajes puñetazos al chico. Se quedan los tres un poco desconcertados y deciden irse de allí rápidamente. Están a punto de doblar la esquina y observan cómo se acercan a ellos el mismo bastardo de antes con otros seis amiguitos porteros, hijos de puta, malnacidos, escoria (se habían avisado con el pinganillo), y comienzan a propinarles una paliza brutal, contra el suelo, contra la pared, también a la chica (¿Te creías que por ser chica no te íbamos a pegar?). Patadas en el estómago, en la cabeza, sin piedad, llamándolos "maricones".
(@Sigue)