Hoy, en la consulta del médico, estábamos una pareja de unos cincuenta y pico dándose mimos y yo que he empezado a leer un artículo de Reverte (fíjate tú el contraste). Total, que ha pasado un rato y le ha llegado el turno a la señora, que se ha marchado. Cuando todavía estaba la silla de la mujer caliente, el hombre ha cogido el teléfono y ha empezado a decir:
-Hola cariño, ¿cómo estás? Sí, sí, la acaban de llamar ahora. Esta noche quedamos, ¿te parece? Vale, donde siempre, mi vida. Yo también te quiero.
Ha colgado y, justamente, ha vuelto su mujer a la que ha empezado a hablarle en tono meloso y a darle mimos otra vez.
Entonces, he dejado al Reverte a un lado y he empezado a pensar: "¿Se lo digo o no se lo digo?" Pero luego me he dicho: "¿Quién soy yo para meterme en la vida de nadie?" Así que al final no se lo he dicho y, aquí estoy, lavando mi conciencia.
Pobre señora, ojalá se entere pronto.
PD: ¿Y sabéis qué es lo peor de todo? Que al final no me he leído el artículo, joé.
Hoy he ido a a compañar a mi mujer al médico. La verdad que desde que estoy con ella que soy muy feliz y no me pesa nada hacer estas cosas, al contrario, ¡si es que estábamos como chavales de 15 años dándonos arrumacos ahí en la sala de espera! Había una chica todo el rato haciendo ver que leía y mirándonos de reojo.. jaja, eso nos ponía bastante...
Cuando el doctor visitaba a mi mujer, me ha llamado mi hija, la mayor, que la tengo de mi matrimonio anterior. Solemos quedar los lunes para cenar juntos ya que ese el día que a ella le va bien. Me encanta charlar con ella, estamos recuperando los años que no nos hemos visto. De hecho está llamando ahora al timbre. ¡hasta luego!
Hoy, en la consulta del médico, estaba con mi actual pareja y la han llamado para entrar a la consulta. Ese momento lo he aprovechado para quedar a cenar con mi hija y que me tenga al corriente de su vida, no me gustan las salas de espera y qué mejor que hablar con tu familia. Después de colgar me he fijado que la chica que tenía al lado me miraba con cara de mala leche, y no me extraña: estaba leyendo un artículo de Reverte. He estado pensando en aconsejarle que haga lo mismo que yo mientras espera, que llame a alguien, a algún familiar o amigo, en lugar de leer las revistas del siglo pasado que hay por esos sitios, pero luego he pensado ¿Quién soy yo para meterme en la vida de nadie?
Estaba hoy en la consulta del médico acompañando a mi amante cuando la han llamado para visita. En ese momento me han llamado del cuartel general de los Men In Black y he tenído que responder en código pues una chica que tenía pinta de ser un adromediano disfrazado no me quitaba ojo y tuve que disimular.
Hoy estaba en la consulta del médico con mi mujer. En el momento que la han llamado y ha entrado, me he quedado solo con una chica que había a mi lado. He usado el viejo truco de la falsa llamada de teléfono, haciendo como que hablaba con mi amante. La chica hacía como que no escuchaba nada, mirando fijamente un artículo de Reverte que seguro no se ha leído. He aprovechado ese momento de descuido de ella provocado por mi conversación, para introducir mi mano en su bolso y robarle la cartera, el móvil y una caja de preservativos que usaré ahora con mi esposa.
-Hola cariño, ¿cómo estás? Sí, sí, la acaban de llamar ahora. Esta noche quedamos, ¿te parece? Vale, donde siempre, mi vida. Yo también te quiero.
Ha colgado y, justamente, ha vuelto su mujer a la que ha empezado a hablarle en tono meloso y a darle mimos otra vez.
Entonces, he dejado al Reverte a un lado y he empezado a pensar: "¿Se lo digo o no se lo digo?" Pero luego me he dicho: "¿Quién soy yo para meterme en la vida de nadie?" Así que al final no se lo he dicho y, aquí estoy, lavando mi conciencia.
Pobre señora, ojalá se entere pronto.
PD: ¿Y sabéis qué es lo peor de todo? Que al final no me he leído el artículo, joé.