#8 Los atures habitaban las orillas del Orinoco, eran vecinos de los maipures, que también desaparecieron. El loro no "salvó" la lengua, funcionó apenas como un grabador incompleto e inconexo que recogió algunos vocablos, los últimos balbuceos de una cultura en el dramático momento de su desaparición. Esto sucedió en esa zona donde el Orinoco, que viene del sur, tuerce hacia el este a casi mil kilómetros de su desembocadura en el Atlántico. En esa zona hay unos raudales -los raudales de Atures y Maipures, cerca de Puerto Ayacucho- que son lo único que impide la navegación entre la Orinoquia y la Amazonia, que están conectadas por el caño Casiquiare y el Río Negro, en el sur de Venezuela. La solución sería dinamitar los raudales, pero esta opción sería una salvajada desde el punto de vista ecológico. He sabido de esta anécdota, con un colofón que no sé si es ficción pero que ilustra de manera dramática el patetismo del suceso: el loro viajó a Alemania como parte de la colección naturalista que juntaron Humboldt y Bompland, pero allí escapó por una ventana. A que es poderosa la imagen: en los tejados de una helada ciudad alemana, un exhausto loro de las remotas selvas del trópico parlotea las últimas palabras de una cultura desconocida y ya muerta.