#46#36 Luego hay unos exprimidores semiautomáticos que se limpian de manera muy sencilla. Parecen un exprimidor eléctrico de toda la vida, valen 90 € y sólo hay que tirar de una palanquita que hace presión a la media naranja (la tienes que cortar a mano) y en un segundo la exprime. Se limpia retirando la cabeza y frotando con agua y jabón. Son una maravilla pero teniendo en cuenta la enorme carga de trabajo, en algunos sitios es imposible usarlo sin que algún energúmeno se enfade porque el zumo le tarda un minuto y medio.
Se amortiza con 150 zumos y permite venderlos a euro y pico, es más higiénica pero tardas más. Lo que ocurre con las otras (las caras) es que también te la alquilan o te la dejan gratis si a la empresa le compras las naranjas, eso sí, casi al doble de precio el kilo y con una tirada mínima al mes que depende de la empresa. Te traen naranjas todo el año pero fuera de temporada están mermadas y arrugadas por ser añejas, al comprar y almacenar grandes lotes para sacar beneficio.
Todo eso unido hace muy difícil que un restaurante de carretera o de menús o desayunos, o un bar con una automática pueda dar calidad e higiene, porque los camareros se tiran nueve horas sin parar para sacar su sueldo y pagar la enormidad de impuestos y el precio cada vez más caro de los productos y dejar algo al empresario, cumpliendo con todos los requisitos porque encima están los libros de higiene y lotes que hay que rellenar a diario y que se tarda más a veces que en limpiar el propio bar o el restaurante. En los sitios así, lo peor es ver la cocina. Yo por suerte me dedico a la restauración en un sitio familiar en un pueblecito y aunque tengo menos margen y a veces no nos llega para sacar el sueldo, trabajo a gusto y los inspectores, proveedores y los clientes que entran a la cocina (sí, entran a saludar porque son amigos y no me importa), van muy contentos.
Se amortiza con 150 zumos y permite venderlos a euro y pico, es más higiénica pero tardas más. Lo que ocurre con las otras (las caras) es que también te la alquilan o te la dejan gratis si a la empresa le compras las naranjas, eso sí, casi al doble de precio el kilo y con una tirada mínima al mes que depende de la empresa. Te traen naranjas todo el año pero fuera de temporada están mermadas y arrugadas por ser añejas, al comprar y almacenar grandes lotes para sacar beneficio.
Todo eso unido hace muy difícil que un restaurante de carretera o de menús o desayunos, o un bar con una automática pueda dar calidad e higiene, porque los camareros se tiran nueve horas sin parar para sacar su sueldo y pagar la enormidad de impuestos y el precio cada vez más caro de los productos y dejar algo al empresario, cumpliendo con todos los requisitos porque encima están los libros de higiene y lotes que hay que rellenar a diario y que se tarda más a veces que en limpiar el propio bar o el restaurante. En los sitios así, lo peor es ver la cocina. Yo por suerte me dedico a la restauración en un sitio familiar en un pueblecito y aunque tengo menos margen y a veces no nos llega para sacar el sueldo, trabajo a gusto y los inspectores, proveedores y los clientes que entran a la cocina (sí, entran a saludar porque son amigos y no me importa), van muy contentos.