#19El mexicano Diego Rivera era uno de los pintores favoritos de Abby, la madre de Nelson Rockefeller, así que finalmente recibió el encargo de pintar un mural gigante para decorar el gigantesco vestíbulo del Rockefeller Center, que acababa de erigirse en Nueva York. La pretensión de Rockefeller era que los visitantes hicieran un alto en el camino y se detuvieran a pensar.
Dicho y hecho: el indómito Rivera creó ‘El hombre en el cruce de caminos’ un mural lleno de simbolismo, guiños al comunismo, en el que aparecían Trotsky, Lenin y el mismísimo Marx. Todo ello en la entrada del cuartel general uno de los mayores iconos del capitalismo. El mecenas intentó que Rivera reemplazara la cara de Lenin por la de un trabajador anónimo, pero el pintor se negó.
El mural fue finalizado el 22 de mayo de 1933 y fue inmediatamente cubierto por una lona. Ocho meses después, a principios de 1934, Rockefeller ordenó a los obreros que destruyeran el mural, una acción que fue calificada como “vandalismo cultural” por el mexicano.
Normal que lo mandara destruir, es que si se detienen a pensar lo mismo a algunos les hubiera dado por ensartar en un palo a Rockefeller en vez de ir de compras.
Dicho y hecho: el indómito Rivera creó ‘El hombre en el cruce de caminos’ un mural lleno de simbolismo, guiños al comunismo, en el que aparecían Trotsky, Lenin y el mismísimo Marx. Todo ello en la entrada del cuartel general uno de los mayores iconos del capitalismo. El mecenas intentó que Rivera reemplazara la cara de Lenin por la de un trabajador anónimo, pero el pintor se negó.
El mural fue finalizado el 22 de mayo de 1933 y fue inmediatamente cubierto por una lona. Ocho meses después, a principios de 1934, Rockefeller ordenó a los obreros que destruyeran el mural, una acción que fue calificada como “vandalismo cultural” por el mexicano.
Normal que lo mandara destruir, es que si se detienen a pensar lo mismo a algunos les hubiera dado por ensartar en un palo a Rockefeller en vez de ir de compras.