Que quiten todas las antenas de los pueblos y ciudades y las pongan bien lejos, que así podremos disfrutar sin complejos de la potencia plena de nuestro emisor/receptor, en forma de teléfono móvil, a 1,3 centímetros de nuestro cerebro, la distancia óptima para terminar de torrarlo.
Si de verdad fuésemos consecuentes, se obligaría a tupir de antenas lo máximo posible a las operadoras. De esta manera nuestros teléfonos móviles, y las propias antenas en la comunicación con nuestro terminal emitirían a la potencia mínima.
Que quiten todas las antenas de los pueblos y ciudades y las pongan bien lejos, que así podremos disfrutar sin complejos de la potencia plena de nuestro emisor/receptor, en forma de teléfono móvil, a 1,3 centímetros de nuestro cerebro, la distancia óptima para terminar de torrarlo.
Si de verdad fuésemos consecuentes, se obligaría a tupir de antenas lo máximo posible a las operadoras. De esta manera nuestros teléfonos móviles, y las propias antenas en la comunicación con nuestro terminal emitirían a la potencia mínima.