#114 Pues yo, sinceramente, no sé qué voy a hacer.
En junio hice huelga (en algún lado de esta web deben estar mis comentarios al respecto). La hice por una cuestión de deber personal, de obligación moral, llamadlo como os dé la gana. La idea era que, a una semana de la reforma laboral, había que presionar para que las cosas no fueran a más. Si se habían atrevido con los funcionarios estaba claro que podía pasar cualquier cosa a partir de ahí. Tenía claro que a nosotros nos la habían metido doblada, y precisamente para que no pasara algo parecido con el resto de los trabajadores, me sentía obligada a hacer huelga y ser solidaria. A pesar de que mi situación personal no iba a cambiarla ese gesto, a pesar del día menos de retribución, y a pesar de ir a la huelga con la impresión de estar haciendo el primo, porque desde que se anunció nuestro recorte salarial hasta el día de la huelga tuve que aguantar, como todos los funcionarios, una bonita marea de improperios y de insultos que venían de todas partes. Pero la idea de que si no iba a la huelga las cosas podrían ser mucho peores para todos los trabajadores, y la idea de que yo tenía una parte de responsabilidad de la que moralmente no me podía escaquear, me hicieron secundar la huelga.
Ahora mismo no sé qué decir. Estoy totalmente desencantada. Sigo teniendo los mismos principios que antes, pero lo que estoy perdiendo son las ganas de luchar por ellos. Más que nada porque cuando uno lucha en solitario se agota y se quema, y la sensación que tengo es la de que estoy luchando en solitario. Vamos, que no tengo claro que haya que luchar y jugarse el tipo por una sociedad que no se implica y a la que parece que le da igual todo. No sé si el día 29 ganará mi lado idealista, el que cree que hay que luchar por las cosas justas, las organice quien las organice, o si ganará mi lado comodón y egoísta, ese que opina que "total, para qué, si no servirá de nada". Espero, por mi propio bien y por mi salud mental, que gane mi lado idealista, y también espero que no tenga que arrepentirme luego.
No me gustó la sensación que tuve cuando recibí mi nómina del mes de julio, recortada en 105 euros en concepto de huelga. Me habría gustado más que fuera como otras veces, en las que veía el recorte y sonreía, pensando que había valido la pena. Pero es que esta vez la sensación fue más bien preguntarme si no habría estado haciendo el gilipollas, y como que no apetece...
En junio hice huelga (en algún lado de esta web deben estar mis comentarios al respecto). La hice por una cuestión de deber personal, de obligación moral, llamadlo como os dé la gana. La idea era que, a una semana de la reforma laboral, había que presionar para que las cosas no fueran a más. Si se habían atrevido con los funcionarios estaba claro que podía pasar cualquier cosa a partir de ahí. Tenía claro que a nosotros nos la habían metido doblada, y precisamente para que no pasara algo parecido con el resto de los trabajadores, me sentía obligada a hacer huelga y ser solidaria. A pesar de que mi situación personal no iba a cambiarla ese gesto, a pesar del día menos de retribución, y a pesar de ir a la huelga con la impresión de estar haciendo el primo, porque desde que se anunció nuestro recorte salarial hasta el día de la huelga tuve que aguantar, como todos los funcionarios, una bonita marea de improperios y de insultos que venían de todas partes. Pero la idea de que si no iba a la huelga las cosas podrían ser mucho peores para todos los trabajadores, y la idea de que yo tenía una parte de responsabilidad de la que moralmente no me podía escaquear, me hicieron secundar la huelga.
Ahora mismo no sé qué decir. Estoy totalmente desencantada. Sigo teniendo los mismos principios que antes, pero lo que estoy perdiendo son las ganas de luchar por ellos. Más que nada porque cuando uno lucha en solitario se agota y se quema, y la sensación que tengo es la de que estoy luchando en solitario. Vamos, que no tengo claro que haya que luchar y jugarse el tipo por una sociedad que no se implica y a la que parece que le da igual todo. No sé si el día 29 ganará mi lado idealista, el que cree que hay que luchar por las cosas justas, las organice quien las organice, o si ganará mi lado comodón y egoísta, ese que opina que "total, para qué, si no servirá de nada". Espero, por mi propio bien y por mi salud mental, que gane mi lado idealista, y también espero que no tenga que arrepentirme luego.
No me gustó la sensación que tuve cuando recibí mi nómina del mes de julio, recortada en 105 euros en concepto de huelga. Me habría gustado más que fuera como otras veces, en las que veía el recorte y sonreía, pensando que había valido la pena. Pero es que esta vez la sensación fue más bien preguntarme si no habría estado haciendo el gilipollas, y como que no apetece...