Para las mujeres de la alta sociedad europea, el beneficio obvio de la contracepción incorporada convertía a los castrati en blancos ideales para aventuras discretas. Canciones populares y panfletos no tardaron en insinuar que en realidad la castración aumentaba el rendimiento sexual del hombre, ya que la falta de sensación garantizaba una resistencia adicional; se divulgaron anécdotas que hablaban de los castrati como amantes solícitos, cuya atención se centraba por entero en la mujer. Como señaló con entusiasmo una seguidora incondicional, los mejores cantantes disfrutaban de “un espíritu en modo alguno embotado, y de un bulto que no es diferente del de otros hombres”.
La foto del meneo debe ser tan buena que nadie se ha fijado que a la pregunta inicial le faltan dos cosas...