#89 Veréis... yo antes, curraba ocho horas. Eso quiere decir que salía de mi casa a las siete de la mañana, y volvía a las ocho de la tarde, por culpa de las dos pXXXS horas de la comida. Cuando nos tocaba el horario seguido, pase, porque hacías tus ocho horitas tan ricamente, pero el mes que tocaba de partido, que casualmente eran los que más, cuando te tenía que volver a conectar a las tres o a las cuatro de la tarde, no es que estuvieras cansado... es que estabas en plan: "POR FAVOR, que alguien me dispare. A la cabeza, si es tan amable". Si estabas cogiendo llamadas, te escaqueabas de lo que podías, porque ya no aguantabas ni de pie y a poco que un cliente se te pusiera moñas, le colgabas o con disimulo le picabas para que se encocorase y te diera pretexto para colgarle. Si estabas en administrativo, te escaqueabas todavía más. De eso, no tiene la culpa el trabajador, sino la estupidez de tener un turno partido que NADIE quería, que todo el mundo detestaba y que sólo servía para tener quemada a la gente durante todo el mes y que la gente trabajase como unas seis horas y se pasase todo el rato que podía metido en internet o hablando con el de al lado, o charlando con otro compañero por el chat de la empresa o con su novia por el messenger.
Donde ahora estoy, trabajo seis horas. Seis. Seguidas. Los de por la tarde, hacen las mismas horas, seis seguidas. No hay turnos partidos. Y puede que por primera vez en mi vida laboral, sé lo que es salir del trabajo cansada DE TRABAJAR, y no cansada "de estar en el trabajo". El primer sentimiento, aunque te quedes sopa en el autobús, es muy gratificante. El segundo, te asquea y no te deja ni disfrutar adecuadamente de la escasa hora libre que te queda después de cenar y antes de acostarte, porque no dejas de pensar en que mañana tienes que volver a encerrarte ahí, a aguantar gilipollas durante todo el santo día para ganar cuatro perras.
La jornada partida sólo sirve para tener a la gente quemada, cansada, de mal humor, con ganas de escaquearse y que no producen como deben. Yo, siempre que he tenido jornada completa, estoy en plan "lo siguiente, venga, que me echen lo siguiente, que hoy estoy en forma", porque cuanto más curro, menos miro el reloj, y cuando me quiero dar cuenta, son las tres, y me largo a mi casita a disfrutar del día con los míos y con mis aficiones.
Donde ahora estoy, trabajo seis horas. Seis. Seguidas. Los de por la tarde, hacen las mismas horas, seis seguidas. No hay turnos partidos. Y puede que por primera vez en mi vida laboral, sé lo que es salir del trabajo cansada DE TRABAJAR, y no cansada "de estar en el trabajo". El primer sentimiento, aunque te quedes sopa en el autobús, es muy gratificante. El segundo, te asquea y no te deja ni disfrutar adecuadamente de la escasa hora libre que te queda después de cenar y antes de acostarte, porque no dejas de pensar en que mañana tienes que volver a encerrarte ahí, a aguantar gilipollas durante todo el santo día para ganar cuatro perras.
La jornada partida sólo sirve para tener a la gente quemada, cansada, de mal humor, con ganas de escaquearse y que no producen como deben. Yo, siempre que he tenido jornada completa, estoy en plan "lo siguiente, venga, que me echen lo siguiente, que hoy estoy en forma", porque cuanto más curro, menos miro el reloj, y cuando me quiero dar cuenta, son las tres, y me largo a mi casita a disfrutar del día con los míos y con mis aficiones.