Juan de Diego, nació en Barcelona en 1.915. Miembro de la formación catalana Esquerra, luchó en la guerra civil, primero en el frente de Aragón y más tarde en la división Durruti. Como la mayoría de españoles, fue capturado cuando estaba alistado en el ejército francés, fue confinado en el campo de concentración de Mauthausen el 6 de agosto de 1.940, con el número 3156. Permaneció allí hasta su liberación en 1.945. Tras su liberación, De Diego se instaló en Francia, donde ejerció diversas profesiones, como recepcionista de hotel o documentalista, residió en París y Perpiñán, y volvió a Barcelona por primera vez después de la muerte de Franco, donde se instaló definitivamente en el año 2001. En la década de los 60, De Diego participó, en calidad de testigo de cargo, en los juicios contra antiguos miembros de las SS de Colonia y de Frankfurt. Murió el 9 de mayo de 2.003 a los 87 años, en Barcelona.
Comenzó trabajando en la cantera, cuyos 186 escalones se cobraron tantas vidas, hasta que gracias a sus conocimientos administrativos y de idiomas le fue asignado un puesto la Administración Central de Mauthausen (Lagerschreibstube), que mantuvo hasta el final de la guerra. Le fue asignada la función de tercer secretario del campo, trabajo que desarrolló hasta el momento de la liberación en 1.945, y que le permitió conocer desde dentro el funcionamiento de la maquinaria nazi; Su trabajo burocrático en el campo consistía en llevar un registro de las muertes, labor que Juan de Diego calificaba de funerario. Pero gracias a su puesto, se convirtió en una herramienta vital para mantener informados a los diversos grupos de prisioneros del campo que se habían organizado solidaria y clandestinamente, en especial a partir de 1.943. También pudo avisar de las visitas de las comisiones médicas, que servían para seleccionar con destino a las cámaras de gas a los presos enfermos, con lo que se pudieron salvar muchos. Desde su puesto, pudo variar la composición en algunas ocasiones de los barracones o de los comandos de trabajo, y pudo colaborar en la cohesión entre los 22 grupos nacionales de presos. En 1.943, y durante un breve periodo de tiempo, se permitió a algunos prisioneros españoles escribir cartas. El propio De Diego fue conminado a ejercer de censor, evitando que la correspondencia que salía del campo contuviera descripciones de cuanto realmente sucedía allí. Aquellas escasísimas cartas fueron casi siempre escritas al dictado de los SS, obligando a los españoles a manifestar que se encontraban perfectamente. Toda una paradoja.
Juan de Diego, nació en Barcelona en 1.915. Miembro de la formación catalana Esquerra, luchó en la guerra civil, primero en el frente de Aragón y más tarde en la división Durruti. Como la mayoría de españoles, fue capturado cuando estaba alistado en el ejército francés, fue confinado en el campo de concentración de Mauthausen el 6 de agosto de 1.940, con el número 3156. Permaneció allí hasta su liberación en 1.945. Tras su liberación, De Diego se instaló en Francia, donde ejerció diversas profesiones, como recepcionista de hotel o documentalista, residió en París y Perpiñán, y volvió a Barcelona por primera vez después de la muerte de Franco, donde se instaló definitivamente en el año 2001.
En la década de los 60, De Diego participó, en calidad de testigo de cargo, en los juicios contra antiguos miembros de las SS de Colonia y de Frankfurt.
Murió el 9 de mayo de 2.003 a los 87 años, en Barcelona.
Comenzó trabajando en la cantera, cuyos 186 escalones se cobraron tantas vidas, hasta que gracias a sus conocimientos administrativos y de idiomas le fue asignado un puesto la Administración Central de Mauthausen (Lagerschreibstube), que mantuvo hasta el final de la guerra. Le fue asignada la función de tercer secretario del campo, trabajo que desarrolló hasta el momento de la liberación en 1.945, y que le permitió conocer desde dentro el funcionamiento de la maquinaria nazi; Su trabajo burocrático en el campo consistía en llevar un registro de las muertes, labor que Juan de Diego calificaba de funerario. Pero gracias a su puesto, se convirtió en una herramienta vital para mantener informados a los diversos grupos de prisioneros del campo que se habían organizado solidaria y clandestinamente, en especial a partir de 1.943. También pudo avisar de las visitas de las comisiones médicas, que servían para seleccionar con destino a las cámaras de gas a los presos enfermos, con lo que se pudieron salvar muchos. Desde su puesto, pudo variar la composición en algunas ocasiones de los barracones o de los comandos de trabajo, y pudo colaborar en la cohesión entre los 22 grupos nacionales de presos.
En 1.943, y durante un breve periodo de tiempo, se permitió a algunos prisioneros españoles escribir cartas. El propio De Diego fue conminado a ejercer de censor, evitando que la correspondencia que salía del campo contuviera descripciones de cuanto realmente sucedía allí. Aquellas escasísimas cartas fueron casi siempre escritas al dictado de los SS, obligando a los españoles a manifestar que se encontraban perfectamente. Toda una paradoja.