#68#67. Ya. Pero como ves, aunque mi comentario es anterior al otro que citas, se seguirá diciendo que el «aprendizaje significativo» es «lo máximo» repitiendo lo mismo que he criticado. Porque es que no hay más, por muchas vueltas que le demos.
«El aprendizaje significativo es el que recomienda que no te pongas a estudiar ruso desde el nivel medio sin tener unas bases previas».
La leche, vamos, el descubrimiento de la pólvora mojada. Me recuerda al chiste de Farruco, un humorista gallego:
– Señor comisario, señor comisario, yo sé quiénes han robado las joyas.
– ¿Quiénes? Díganoslo.
– Pues han sido los ladrones.
Por lo visto, antes de que llegase la revolución de la nueva pedagogía, los curas salesianos, y los paúles, y los jesuitas, te enseñaban así: en 6º de EGB empezabas con el manual de Ruso 3, y en séptimo pasabas al de Ruso 1, y en octavo acababas con el de Ruso 2.
Lo que pasa es que hay transfondo de apostolado político en este movimiento pseudo-pedagógico que necesita mirar al pasado con un espejo deformante para justificar su supuesta «misión» – y sospecho que de vocación genuinamente pedagógica hay poco. Por eso las grandes «revelaciones» con que nos obsequian no pasan de perogrulladas – en el mejor de los casos.
Evidentemente que hay buena pedagogía y mala pedagogía. Y evidentemente que hay épocas en donde domina más un estilo que otro. Pero adscribir la buena praxis a una supuesta «escuela de pensamiento» es más arrogancia intelectual que otra cosa.
«El aprendizaje significativo es el que recomienda que no te pongas a estudiar ruso desde el nivel medio sin tener unas bases previas».
La leche, vamos, el descubrimiento de la pólvora mojada. Me recuerda al chiste de Farruco, un humorista gallego:
– Señor comisario, señor comisario, yo sé quiénes han robado las joyas.
– ¿Quiénes? Díganoslo.
– Pues han sido los ladrones.
Por lo visto, antes de que llegase la revolución de la nueva pedagogía, los curas salesianos, y los paúles, y los jesuitas, te enseñaban así: en 6º de EGB empezabas con el manual de Ruso 3, y en séptimo pasabas al de Ruso 1, y en octavo acababas con el de Ruso 2.
Lo que pasa es que hay transfondo de apostolado político en este movimiento pseudo-pedagógico que necesita mirar al pasado con un espejo deformante para justificar su supuesta «misión» – y sospecho que de vocación genuinamente pedagógica hay poco. Por eso las grandes «revelaciones» con que nos obsequian no pasan de perogrulladas – en el mejor de los casos.
Evidentemente que hay buena pedagogía y mala pedagogía. Y evidentemente que hay épocas en donde domina más un estilo que otro. Pero adscribir la buena praxis a una supuesta «escuela de pensamiento» es más arrogancia intelectual que otra cosa.