#13#10 Danos tú los datos que lo nieguen. Porque te puedo decir por experiencia personal que las dos catedráticas de pedagogía que me dieron clase en la carrera no habían pisado más áulas que las nuestras, y que su contacto con niños había sido nulo.
Y ambas escribieron sus libros correspondientes. Uno de ellos era incluso material que usábamos como bibliografía recomendada; pero insisto: ninguna había llevado a la práctica sus teorías y enseñanzas.
¿Cómo? Generalmente el que hace una afirmación es el que tiene que dar los datos que prueben que lo que dice es cierto. Si se afirma que los libros dicen tal o cual y que sus autores son esto y lo otro lo normal es dar alguna referencia para comprobarlo. Si ahora os contestan en plan "aquí tenéis este libro, que no dice lo que tú afirmas y que el autor tiene 40 años de experiencia en la docencia", siempre se podrá contestar "ya, pero yo me refiero a otro libro". consultar todos los libros del momento es imposible.
Ya me veo yo a los científicos así: "Pues hay un artículo que dice que la tierra es plana, pero no voy a decir cual es, el que no esté de acuerdo que demuestre que ese artículo no es correcto".
PS: Que conste que no estoy defendiendo como sean o dejen de ser los profesores de pedagogía, pero las cosas hay que referenciarlas bien o no tienen validez.
#37#13Danos tú los datos que lo nieguen. Porque te puedo decir por experiencia personal que las dos catedráticas de pedagogía que me dieron clase en la carrera no habían pisado más áulas que las nuestras, y que su contacto con niños había sido nulo.
Primero, yo pensaba que las pruebas se daban cuando se afirmaba algo categóricamente. Pero bueno, puede ser que no.
Segundo, está claro que esas dos catedráticas que te dieron clase son ejemplos de pedagogos que nunca han dado clase. Ejemplo validísimo. Toma ya.
#50#14. En referencia también a #10. Cuando la discusión se pone en este punto, siempre digo lo mismo: ¡estos comentarios no son para una revista científica! Lo que dice #13 lo sabe todo el mundo, es muy simple:
– el profesor de secundaria que lleva cuarenta años dando clase, normalmente no acaba promocionando a profesor de universidad.
– el profesor de universidad que ha escrito una tesis en un departamento de pedagogía sobre cómo enseñar «significativamente» esto y lo otro, o sobre cómo es la cognición de la gramática en los niños de entre 5 y 10 años, o sobre cuál es la mejor metodología para aprender esto o aquello... normalmente ha llegado a su posición siguiendo un tercer ciclo después de acabar la carrera de pedagogía, y después ha hecho la tesis, y después lo han puesto de profesor en la facultad, y por el medio no ha tenido la experiencia directamente educativa que han tenido los que han hecho oposiciones a profesor, o los que han sido contratados por un colegio privado.
Cuando recibí las clases del CAP, que era fundamentalmente unas clases pretendidamente ideologizadoras en favor del llamado «aprendizaje significativo», nos quedó bastante claro a todos los asistentes que los profesores que nos daban la clase no tenían mucha noción práctica de lo que trataban (precisamente por eso las clases del CAP se enfocaban a desglosar abstractos modelos teóricos –bastante pajillero-mentales, por cierto– prácticamente ausentes de consejos prácticos. La experiencia posterior me ha confirmado, justamente, que no podrían darlos.
Y ambas escribieron sus libros correspondientes. Uno de ellos era incluso material que usábamos como bibliografía recomendada; pero insisto: ninguna había llevado a la práctica sus teorías y enseñanzas.