#30 Puesto que parece que estamos todos más o menos de acuerdo, sólo me atrevo a discutir esto.
Las corridas de toros me repugnan y ofenden mi espíritu, pero no es correcto prohibir algo sólo porque no nos gusta. Cualquier costumbre o evento que escojas tendrá detractores que no disfrutan de ella o incluso la detestan y les parece aberrante. No se puede prohibir nada basándonos sólo en esta afirmación, puesto cualquier cosa estaría sujeta al ánimo arbitrario de la censura.
En el derecho moderno las prohibiciones tienen como objetivo la protección de los derechos y libertades de los individuos. Así, por ejemplo, cuando se prohíben los botellones, no se hace porque sean un espectáculo lamentable, sino porque molestan a los vecinos y ensucian las calles. Las corridas de toros, aun cuando censurables, no vulneran ningún derecho ni libertad, puesto que nadie está obligado a contemplarlas, ni sufre percance o molestia por su existencia.
Considero que el tiempo acabará borrando este resto de barbarie como lo ha ido haciendo con otras costumbres despreciables, pero no debemos tomar atajos que pongan en peligro el derecho, que es mucho más importante.
Las corridas de toros me repugnan y ofenden mi espíritu, pero no es correcto prohibir algo sólo porque no nos gusta. Cualquier costumbre o evento que escojas tendrá detractores que no disfrutan de ella o incluso la detestan y les parece aberrante. No se puede prohibir nada basándonos sólo en esta afirmación, puesto cualquier cosa estaría sujeta al ánimo arbitrario de la censura.
En el derecho moderno las prohibiciones tienen como objetivo la protección de los derechos y libertades de los individuos. Así, por ejemplo, cuando se prohíben los botellones, no se hace porque sean un espectáculo lamentable, sino porque molestan a los vecinos y ensucian las calles. Las corridas de toros, aun cuando censurables, no vulneran ningún derecho ni libertad, puesto que nadie está obligado a contemplarlas, ni sufre percance o molestia por su existencia.
Considero que el tiempo acabará borrando este resto de barbarie como lo ha ido haciendo con otras costumbres despreciables, pero no debemos tomar atajos que pongan en peligro el derecho, que es mucho más importante.