#1 voló el 9 de febrero a Santo Domingo con un pasaporte caducado el 27 de enero por un imperdonable error de principiante. No se dio cuenta el personal de Iberia, no se dio cuenta el policía nacional que comprobó el pasaporte. No me di cuenta yo hasta que rellené los formularios minutos antes de aterrizar en Santo Domingo. No se dio cuenta una amable policía dominicana que estampó el pasaporte y sólo se interesó por mi apellido: “¿Lobo? Mmmm ¿Muerdes?”; a lo que respondí coquetón: “Bueno, tengo mis días”, frase que abrió una interesante charla cuyo contenido no desvelaré.