#83 Si no existieran los japoneses, este mundo sería mucho más aburrido, mucho más lineal, mucho menos sorprendente.
Una vez me presentaron a un japonés de mi empresa que había venido a Jerez con motivo del mundial de motos. Por la noche, terminados los entrenamiento nos juntamos con franceses, alemanes, italianos... y nos fuimos a cenar. Por aclamación popular se pidió paella (a las once y media de la noche). Mientras pasaban los 20 minutos de rigor, nos fuimos entonando con unos finos y se organizó un alboroto considerable en la mesa. De repente alguien dijo alarmado: parece que a Soghi (o algo así) le pasa algo: estaba con los codos apoyados en la mesa, sujetándose la cabeza con las manos y se había dormido profundamente. Un mecánico lo zarandeo. Abrió los ojos y con una sonrisa somnolienta dijo. "Bien, me apetece paela".
Una vez me presentaron a un japonés de mi empresa que había venido a Jerez con motivo del mundial de motos. Por la noche, terminados los entrenamiento nos juntamos con franceses, alemanes, italianos... y nos fuimos a cenar. Por aclamación popular se pidió paella (a las once y media de la noche). Mientras pasaban los 20 minutos de rigor, nos fuimos entonando con unos finos y se organizó un alboroto considerable en la mesa. De repente alguien dijo alarmado: parece que a Soghi (o algo así) le pasa algo: estaba con los codos apoyados en la mesa, sujetándose la cabeza con las manos y se había dormido profundamente. Un mecánico lo zarandeo. Abrió los ojos y con una sonrisa somnolienta dijo. "Bien, me apetece paela".