#6#5 mi abuela comió gato durante la guerra; nos encanta el conejo, que es una rata grande; la sangre cuajada o en morcillas; no perdonamos unas buenas criadillas, unos riñones o unos buenos sesos; trozos grandes de tocino; las buenas patitas de cordero; una pata entera de cerdo reseca sin cocinar y con su pezuña y pelillos al aire; del cerdo también nos comemos sus crujientes cortezas. y lo peor de todo es que, en principio, todo esto debería darnos asco en nuestra propia cultura.
#7#5#6 Muy bien, aunque la verdad es que por una vez casi todo lo de la lista me parece parece repugnante, en lugar de comida autóctona más o menos defendible.
En Cataluña, además de las cosas que habeis citado comemos esqueixada de bacalao, un plato a base de bacalao crudo aliñado que es de mis favoritos, y caracoles de varias maneras que no pruebo desde pequeño porque me veo incapaz.
Y en mis visitas a Zaragoza me he aficionado a las "madejas", que no son más que intestinos, creo que de cordero, cortados en rodajas, fritos y servidos con ajo y perejil. Y lo buenas que están...