#18#8 Te cagarías de miedo . Te cuento mi experiencia.
Tengo un pueblo en Zamora. Pues el caso es que un día me di una vuelta con una amiga en quad por el campo. Lo que ocurrió a continuación fue algo impresionante, que recordaré toda mi vida. Estoy seguro de que hay pocas personas que hayan podido ver un espectáculo así, que no creo que sea muy común.
Sin darnos cuenta nos metimos en unas fincas protegidas por enormes mastines de pastores, que nos rodearon y nos siguieron. No podíamos ir muy rápido por que el suelo tenía muchos baches. Nos expulsaban varios de ellos rodeándonos y amedrentándonos como si fuésemos un rebaño de ovejas. El tema es que al salir de la finca, de los aproximadamente 10 perros que nos seguían, 2 siguieron tras nosotros. Ya era casi de noche y mi madre siempre me había advertido sobre los lobos cuando oscurecía. La población(de lobos) había decaído desde que mi madre era una adolescente y se fue del pueblo, por lo que para los que veníamos de Madrid a veranear en el pueblo, esas cosas sonaban a leyendas de viejunos y casi nadie los veía hoy en día.
Estábamos cerca de un pinar, por un camino que lo bordeaba y viendo como los perros nos seguían a lo lejos cuando oímos el jodido aullido tan típico de las películas de terror. Los perros se pararon en seco y se dieron la vuelta, mi amiga aceleró y cuando pareció que el peligro se había ido deceleró un poco. Paramos para echarnos un cigarro cerca de un km del pueblo, aún con el pinar a nuestro lado.
En aquel momento la noche estaba a punto de cerrarse del todo por lo que teníamos puestas las luces del quad de forma paralela al pinar, así que solo alumbraba un poco este. Cuando sin ton ni son, cuando intentaba meterle ficha a mi amigüita, ¡los vi! No los conté, pero debían ser unos 7 u 8. Estaban quietos, mirándonos fijamente los joputas, con unos ojazos increíbles, brillando por los faros del quad. Es una sensación muy extraña, se parecen tanto a un perro, pero al mismo tiempo son tan diferentes... La mayoría eran mas pequeños de lo que esperaba, pero no dejaban de ser imponentes. La mezcla de miedo y admiración era increíble, tenía miedo, pero muchísimo menos que con los mastines que nos había rodeado antes, además por algún motivo me parecía que no era buena idea echar a correr (he visto demasiado jurasic park ) y quedar como un mariquita delante de la mujer que me quería trajinar. La chica decidió arrancar el cuad y girarlo para enfocarles directamente y en el momento en que la luz los tacaba, salían corriendo. Eran de color bastante variado, dentro de los tonos grises y marrones.
Volvimos al pueblo y contamos a todo el mundo nuestra gesta, ningún amigo nos creyó, excepto los viejunos, que montaron en cólera por no hacerles caso y volver pronto del monte. A mi madre casi le da un soponcio cuando se lo contaba. Aquella noche después de cenar, volví a quedar con la chica. No nos importaba que nadie de la pandilla se lo creyese, dimos una vuelta y follamos en el campo como jodidos animales. Fue la noche que perdí la virginidad, menuda loba.
Tengo un pueblo en Zamora. Pues el caso es que un día me di una vuelta con una amiga en quad por el campo. Lo que ocurrió a continuación fue algo impresionante, que recordaré toda mi vida. Estoy seguro de que hay pocas personas que hayan podido ver un espectáculo así, que no creo que sea muy común.
Sin darnos cuenta nos metimos en unas fincas protegidas por enormes mastines de pastores, que nos rodearon y nos siguieron. No podíamos ir muy rápido por que el suelo tenía muchos baches. Nos expulsaban varios de ellos rodeándonos y amedrentándonos como si fuésemos un rebaño de ovejas. El tema es que al salir de la finca, de los aproximadamente 10 perros que nos seguían, 2 siguieron tras nosotros. Ya era casi de noche y mi madre siempre me había advertido sobre los lobos cuando oscurecía. La población(de lobos) había decaído desde que mi madre era una adolescente y se fue del pueblo, por lo que para los que veníamos de Madrid a veranear en el pueblo, esas cosas sonaban a leyendas de viejunos y casi nadie los veía hoy en día.
Estábamos cerca de un pinar, por un camino que lo bordeaba y viendo como los perros nos seguían a lo lejos cuando oímos el jodido aullido tan típico de las películas de terror. Los perros se pararon en seco y se dieron la vuelta, mi amiga aceleró y cuando pareció que el peligro se había ido deceleró un poco. Paramos para echarnos un cigarro cerca de un km del pueblo, aún con el pinar a nuestro lado.
En aquel momento la noche estaba a punto de cerrarse del todo por lo que teníamos puestas las luces del quad de forma paralela al pinar, así que solo alumbraba un poco este. Cuando sin ton ni son, cuando intentaba meterle ficha a mi amigüita, ¡los vi! No los conté, pero debían ser unos 7 u 8. Estaban quietos, mirándonos fijamente los joputas, con unos ojazos increíbles, brillando por los faros del quad. Es una sensación muy extraña, se parecen tanto a un perro, pero al mismo tiempo son tan diferentes... La mayoría eran mas pequeños de lo que esperaba, pero no dejaban de ser imponentes. La mezcla de miedo y admiración era increíble, tenía miedo, pero muchísimo menos que con los mastines que nos había rodeado antes, además por algún motivo me parecía que no era buena idea echar a correr (he visto demasiado jurasic park
Volvimos al pueblo y contamos a todo el mundo nuestra gesta, ningún amigo nos creyó, excepto los viejunos, que montaron en cólera por no hacerles caso y volver pronto del monte. A mi madre casi le da un soponcio cuando se lo contaba. Aquella noche después de cenar, volví a quedar con la chica. No nos importaba que nadie de la pandilla se lo creyese, dimos una vuelta y follamos en el campo como jodidos animales. Fue la noche que perdí la virginidad, menuda loba.
Suena un poco a ciencia ficción, pero es cierto