Si vas a un concierto, apaga el móvil

  1. #98   #60 de nuevo.
    A ver, en ningún momento he llamado "peste" al público. El comentario sigue escrito arriba bien clarito. Los adjetivos han sido "ceporro" y "claque" para referirme a los robots de etiqueta. Si alguno sigue viendo la palabra "peste", que le pida a la NASA las lentes del Hubble para hacerse unas gafas.

    Por otra parte, a los que decís que "muerdo la mano que me da de comer"... ¡Por supuesto! Los músicos de orquesta no somos músicos comerciales, quiero decir, no tocamos sólo por dinero, sino por amor al arte. Por mí, que rebajen las entradas al 90% y se llene de gente, aunque no sea tan "refinada".

    Muchos de vosotros desconoceis, y no quiero ofender con esto a nadie sino arrojar un poco de luz al tema, de dónde procede la etiqueta de la música clásica. Antiguamente, los auditorios se llenaban hasta los topes. Cierto, tampoco es que hubiesen muchos entretenimientos más. La cosa es que en el foso se solía sentar la nobleza, todos muy bien vestidos y refinados, y en los palcos y el gallinero se dejaba entrar, la mayoría de las veces de forma gratuíta, al resto de la clase social denominada baja. Los conciertos duraban mucho más de lo que duran ahora, y estoy hablando de cuatro, cinco y hasta seis horas (era muy habitual que se estrenasen obras nuevas). El juego estaba en que la nobleza iba a exhibirse delante del pueblo llano, mientras que estos últimos se llevaban cosas para comer (en plan cine) y hasta una baraja de cartas y un ajedrez para echarse unas partidas mientras sonaba la música. Al final, los que más solían aplaudir, era el pueblo llano, después de haber pasado una tarde de ensueño divirtiéndose al máximo entre la música, la familia y los amigos.

    La etiqueta de los músicos de la propia orquesta viene del mecenazgo que ejercían los reyes y aristócratas de la época, que exigían a los músicos vestir de forma elegante. Lo de usar una batuta para dirigir a la orquesta viene de los tiempos de Lully, que usaba su bastón de hierro para marcar el tiempo. De hecho, Lully murió de gangrena tras casi perforarse el pie con su batuta rudimentaria mientras dirigía a la orquesta. Al igual, lo de no aplaudir entre movimientos venía del sentido común, cuando en cada concierto se escuchaba una obra diferente y el público esperaba hasta el final de la obra para emitir un veredicto.

    Todavía quedaron retazos de lo importante que era la proximidad con el público para el músico hasta la primera mitad del siglo XX, donde los grandes instrumentistas, por entonces auténticos divos, permitían al público sentarse al borde del escenario, sonreir y compartir ideas (buscad videos de Mischa Elman, Yehudi Menuhin, David Oistrakh, Zino Francescatti, Jascha Heifetz y cientos más). Hoy por hoy, estos músicos se cuentan con los dedos de la mano, como Ara Malikian, Nigel Kennedy y Gilles Apap. A este último casi se lo comen por hacer la cadenza del concierto para violín no.3 de Mozart un tanto especial, haciendo variaciones en los diferentes estilos musicales del mundo en homenaje a Yehudi Menuhin (www.youtube.com/watch?v=VmjGDBWZZFw). Lo mismo que con Nigel Kennedy, fuertemente criticado por cosas como vestir un poco extravagante... y hacer que todos los músicos que tocaban el Verano de Vivaldi llevaran gafas de sol (www.youtube.com/watch?v=3dct8n7y2Y4)

    Podeis observar cuánto sufre el público ante tal falta de etiqueta y de educación...
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    el 25-07-2009 21:25 UTC por Cuatro33 Cuatro33
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