#28 Recuerdo que a mí de niña tenían que quitarme los libros para que saliera a tomar un poco el aire y a jugar. Y yo lo que hacía era salir a la calle... con el libro bajo el brazo y seguir leyendo bajo mi árbol. Dicho así yo era un asco de niña, y sin duda lo fui, pero cuando tienes asma e insuficiencia respiratoria y no puedes correr, ni saltar a la comba, ni a la goma, ni casi hacer ningún esfuerzo físico porque te ahogas y vomitas, NADIE quiere jugar contigo. Y la alternativa que te queda es quedarte mirando como una pánfila cómo juegan los demás, o bien ponerse a leer o a jugar con la maquinita (y esto último quedaba descartado, porque entonces, mágicamente, TODOS querían jugar contigo y no había manera de echar una partida con tranquilidad).
La lista tiene muchísima razón; no puedes hacer que los niños vean un placer como es la lectura como una especie de obligación o deber, porque entonces les pasará como a mí con el ejercicio físico: que querían obligarme a practicarlo y me castigaban por leer demasiado (en el colegio; mis padres querían que me diera el aire pero nunca me prohibieron leer ni les pareció mal mi vicio), y me decían que siempre seguiría enferma, que tomase ejemplo de mis compañeros... y yo cogí manía a mis compañeros que no sabían lo que era despertarse a mitad de la noche con náuseas porque no te llega aire y con los que no podía hablar de nada porque ellos no leían y yo no veía la tele más que el Barrio Sésamo, y odié para siempre el ejercicio físico que me obligaban a practicar y me privaba de leer.
Propongo una cosa: dejemos de estudiar las obras claves de la literatura española, cuando dejemos también de hacer las horas de gimnasia, y a nadie se le obligue a hacer el ridículo o lesionarse, o asfixiarse, o perder el conocimiento realizando ejercicios estúpidos, peligrosos y sin ningún tipo de valor didáctico.
La lista tiene muchísima razón; no puedes hacer que los niños vean un placer como es la lectura como una especie de obligación o deber, porque entonces les pasará como a mí con el ejercicio físico: que querían obligarme a practicarlo y me castigaban por leer demasiado (en el colegio; mis padres querían que me diera el aire pero nunca me prohibieron leer ni les pareció mal mi vicio), y me decían que siempre seguiría enferma, que tomase ejemplo de mis compañeros... y yo cogí manía a mis compañeros que no sabían lo que era despertarse a mitad de la noche con náuseas porque no te llega aire y con los que no podía hablar de nada porque ellos no leían y yo no veía la tele más que el Barrio Sésamo, y odié para siempre el ejercicio físico que me obligaban a practicar y me privaba de leer.
Propongo una cosa: dejemos de estudiar las obras claves de la literatura española, cuando dejemos también de hacer las horas de gimnasia, y a nadie se le obligue a hacer el ridículo o lesionarse, o asfixiarse, o perder el conocimiento realizando ejercicios estúpidos, peligrosos y sin ningún tipo de valor didáctico.