#3 Quisiera decir que no soy gordo. Bueno, si, pero poco. Bueno mucho, pero no tengo familia. Vale, de acuerdo, confieso que fui yo quien mato a Juan Pablo II para luego remplazarlo durante más de dos años hasta mi (su) muerte. Por otra parte el mundo debería enterarse de que ninguno de los dos padecíamos de Parkinson: lo suyo era pura indecisión y lo mío puros nervios de que me pillasen "in fraganti" y me hiciesen peregrinar a Lourdes otra vez...