#88#87 Ya sé que me voy a arrepentir de meterme en estos fregados, pero yo lo veo de la siguiente manera: si el club es privado, pone las normas que quiere. Entonces, uno podría prohibir la entrada en su club a, por ejemplo, las mujeres (caso de aquella sociedad gastronómica donostiarra que no dejó entrar a una heredera de un socio, o algo parecido; caso también, aunque opuesto, de esos famosos gimnasios para mujeres). Pero esto supone permitir cierto tipo de discriminaciones. A veces esas discriminaciones nos parecen bien y a veces no (por ejemplo, todos saltamos cuando lo de la sociedad gastronómica mencionada, pero nos la soplaba cuando lo de los gimnasios también citados).
¿Hasta dónde debería llegar la libertad de las entidades privadas para escoger a sus miembros? ¿Debería el estado o la sociedad poder inmiscuirse en los criterios de esa selección para asegurarse de que no hay una discriminación injusta? Pues no lo sé. Pero la pregunta que resume el fondo del asunto es esa, y tal vez merece la pena darle vueltas.
¿Hasta dónde debería llegar la libertad de las entidades privadas para escoger a sus miembros? ¿Debería el estado o la sociedad poder inmiscuirse en los criterios de esa selección para asegurarse de que no hay una discriminación injusta? Pues no lo sé. Pero la pregunta que resume el fondo del asunto es esa, y tal vez merece la pena darle vueltas.