Diputado del PSOE dice que la Monarquía ya no juega "un gran papel" y propone a su partido reivindicar la República

  1. #27   #26 ¿me has visto siquiera tono autoritario? Porque lejos de mi intención.

    es.wikipedia.org/wiki/Argumento_ad_verecundiam

    Lo puse como ejemplo de lo distinto que era el contexto histórico y político entonces del de ahora. ¿Acaso ahora alguien se imagina un diputado de la CNT en el parlamento?


    Supongo que sabrá también que esa actitud individual fue muy criticada por la organización, no solo en el caso de Federica.

    Por cierto, para conocer la ley de vagos y maleantes republicana, nada como leer el texto original.

    Un buen análisis de la misma es mucho mejor, y si es por un buen historiador mejor que mejor. En el caso que nos ocupa esta es la web del susodicho: lacalledelamemoria.es/


    Y una vez hecho, comparar con las legislaciones del resto de países en ese momento.


    Veo que no se ha leído el PDF que le puse anteriormente, le extraigo de él:

    En consecuencia, a través de la nueva
    Ley de Vagos quedaron tipificados como delitos acciones que antes no eran ile-
    gales (como la mendicidad) o que se penaban como simples faltas (por ejem-
    plo los hurtos, que por su reincidencia pasaron a ser delito).


    Pero, frente a la clara pretensión de reprimir la vagancia, la mendicidad y otros
    tipos de delitos menores, pero muy habituales, la Ley de Vagos se caracteriza
    sobre todo por la indefinición en los últimos apartados del texto: «los que
    observen conducta reveladora de inclinación al delito, manifestada por el trato
    asiduo con delincuentes y maleantes; por la frecuentación de los lugares don-
    de éstos se reúnen habitualmente», los reincidentes (eran reincidentes aquellos
    que en un año hubieran sido sancionados dos o más veces) y aquellos delin-
    cuentes que por decisión judicial fuesen tildados de «peligrosos».2


    De este modo, no debe extrañarnos que, en ciertas ocasiones, la Ley de
    vagos fuera utilizada contra simpatizantes, afiliados e, incluso, contra dirigentes
    de importantes sindicatos de izquierda
    . Pero, ¿cómo una ley diseñada para repri-
    mir la vagancia, la mendicidad o la delincuencia habitual podía emplearse con-
    tra elementos obreros? Para aplicar la Ley del 4 de agosto de 1933 contra impor-
    tantes o destacados sindicalistas las autoridades judiciales, y gubernativas,
    hicieron uso de algunos de los apartados de la ley más ambiguos. Pero sobre
    todo basaron sus sanciones en la reincidencia delictiva de esos sujetos. Hay que
    tener en cuenta que las manifestaciones, huelgas o protestas protagonizadas por
    los obreros en ocasiones se saldaban con la detención de muchos sindicalistas
    quienes después de protagonizar protestas violentas, coacciones o insultos a las
    fuerzas de seguridad, eran recluidos temporalmente en prisión bajo la autoridad
    gubernativa o, si había indicios de delito, se abría un proceso por la vía penal
    ordinaria. Es decir, las constantes detenciones gubernativas que sufrieron
    muchos sindicalistas –especialmente los anarquistas–, y en ocasiones las reitera-
    das condenas que se les imponían por alterar el orden, destrozar bienes públi-
    cos o por delitos de propaganda ilegal, entre otros, fueron la base sobre la que
    se pudo elaborar una acusación para procesar a algunos sindicalistas a través de
    la Ley de Vagos.7 Por ello, no debe extrañarnos que a mediados de 1933
    Buenaventura Durruti, entre otros destacados anarquistas, estuvieran encarcela-
    dos en la Prisión Provincial de Sevilla en aplicación de la Ley de Vagos y
    Maleantes.
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