Diputado del PSOE dice que la Monarquía ya no juega "un gran papel" y propone a su partido reivindicar la República

  1. #14   #11 Deberías darle un vistazo a esto:

    www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&

    ¿Lo de Federica pretende ser un argumento de autoridad?

    Además dicha ley se aprobó en 1933, no creo que fuera ministra para esas fechas, o quizá si, ¿que dicen tus libros de historia?
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     *   piratux piratux
  1. #26   #14 ¿me has visto siquiera tono autoritario? Porque lejos de mi intención. Lo puse como ejemplo de lo distinto que era el contexto histórico y político entonces del de ahora. ¿Acaso ahora alguien se imagina un diputado de la CNT en el parlamento? (Por mi ojalá, desde luego, y no uno, sino tres docenas)

    Por cierto, para conocer la ley de vagos y maleantes republicana, nada como leer el texto original
    lacomunidad.elpais.com/pereztroika/2010/10/2/memoria-historica-ley-vag
    Y una vez hecho, comparar con las legislaciones del resto de países en ese momento.
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     *   reemax reemax
    1. #27   #26 ¿me has visto siquiera tono autoritario? Porque lejos de mi intención.

      es.wikipedia.org/wiki/Argumento_ad_verecundiam

      Lo puse como ejemplo de lo distinto que era el contexto histórico y político entonces del de ahora. ¿Acaso ahora alguien se imagina un diputado de la CNT en el parlamento?


      Supongo que sabrá también que esa actitud individual fue muy criticada por la organización, no solo en el caso de Federica.

      Por cierto, para conocer la ley de vagos y maleantes republicana, nada como leer el texto original.

      Un buen análisis de la misma es mucho mejor, y si es por un buen historiador mejor que mejor. En el caso que nos ocupa esta es la web del susodicho: lacalledelamemoria.es/


      Y una vez hecho, comparar con las legislaciones del resto de países en ese momento.


      Veo que no se ha leído el PDF que le puse anteriormente, le extraigo de él:

      En consecuencia, a través de la nueva
      Ley de Vagos quedaron tipificados como delitos acciones que antes no eran ile-
      gales (como la mendicidad) o que se penaban como simples faltas (por ejem-
      plo los hurtos, que por su reincidencia pasaron a ser delito).


      Pero, frente a la clara pretensión de reprimir la vagancia, la mendicidad y otros
      tipos de delitos menores, pero muy habituales, la Ley de Vagos se caracteriza
      sobre todo por la indefinición en los últimos apartados del texto: «los que
      observen conducta reveladora de inclinación al delito, manifestada por el trato
      asiduo con delincuentes y maleantes; por la frecuentación de los lugares don-
      de éstos se reúnen habitualmente», los reincidentes (eran reincidentes aquellos
      que en un año hubieran sido sancionados dos o más veces) y aquellos delin-
      cuentes que por decisión judicial fuesen tildados de «peligrosos».2


      De este modo, no debe extrañarnos que, en ciertas ocasiones, la Ley de
      vagos fuera utilizada contra simpatizantes, afiliados e, incluso, contra dirigentes
      de importantes sindicatos de izquierda
      . Pero, ¿cómo una ley diseñada para repri-
      mir la vagancia, la mendicidad o la delincuencia habitual podía emplearse con-
      tra elementos obreros? Para aplicar la Ley del 4 de agosto de 1933 contra impor-
      tantes o destacados sindicalistas las autoridades judiciales, y gubernativas,
      hicieron uso de algunos de los apartados de la ley más ambiguos. Pero sobre
      todo basaron sus sanciones en la reincidencia delictiva de esos sujetos. Hay que
      tener en cuenta que las manifestaciones, huelgas o protestas protagonizadas por
      los obreros en ocasiones se saldaban con la detención de muchos sindicalistas
      quienes después de protagonizar protestas violentas, coacciones o insultos a las
      fuerzas de seguridad, eran recluidos temporalmente en prisión bajo la autoridad
      gubernativa o, si había indicios de delito, se abría un proceso por la vía penal
      ordinaria. Es decir, las constantes detenciones gubernativas que sufrieron
      muchos sindicalistas –especialmente los anarquistas–, y en ocasiones las reitera-
      das condenas que se les imponían por alterar el orden, destrozar bienes públi-
      cos o por delitos de propaganda ilegal, entre otros, fueron la base sobre la que
      se pudo elaborar una acusación para procesar a algunos sindicalistas a través de
      la Ley de Vagos.7 Por ello, no debe extrañarnos que a mediados de 1933
      Buenaventura Durruti, entre otros destacados anarquistas, estuvieran encarcela-
      dos en la Prisión Provincial de Sevilla en aplicación de la Ley de Vagos y
      Maleantes.
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