#13 Como se hace un poco incómodo de leer con varias imágenes descuadradas entre frase y frase, pongo solo el texto.
LA INCREÍBLE HISTORIA DE GUSTAVO BIOSCA
Siempre he sido muy irónico y muy bromista. Pero, por primera vez en mi vida voy a ser serio y lo que os voy a contar es lo más fuerte que me ha pasado. Como humorista podría haber metido algún chiste en esta historia pero lo que voy a contar no tiene ninguna gracia.
Empezaré diciendo que fui un cómico reconocido, con muchos amigos y una interesante carrera artística, pero que mi vida fue truncada por la cocaína.
Quizás me recordéis como “el cómico suicida”.
Hacía actuaciones kamikazes en las que corría peligro mi vida: irme a una taberna vasca como “el mago español”…
Meterme con los manifestantes franquistas del 20N :
O pasarme por el poblado marginal de las barranquillas a gritar a los toxicómanos
“hola yonkis de Madrid.”
Esto, por cierto, fue muy comentado, y mucha gente me criticó duramente por burlarme de los adictos.
Lo que no sabían es que yo era un yonqui, como ellos. Y que mi propia vida era mi mayor “bolo suicida”.
Además de cómico, antimago y provocador,
participé en varios programas de televisión como colaborador y guionista.
Mi personaje era tan innovador que llamó la atención de representantes y periodistas. Aquí me veis en una entrevista del programa “la ventana” de Cadena Ser.
Tenía entre 80 y 120 actuaciones al año por toda España. En otras palabras, entre 3.000 y 7.000 euros al mes. Tenía cientos de amigos, cierta fama, mucho dinero y, además, creo que era bueno actuando.
Pero… un demonio se cruzó en mi camino y me lo arrebató todo.
Este demonio había entrado en mi vida unos años antes. Yo era el típico tío de la noche al que le gustaba drogarse. Especialmente cocaína, alcohol y éxtasis. Pero ser un personaje conocido y tener tanto dinero me pasó factura, y el precio a pagar fue el infierno de una terrible adicción.
Por eso recuerdo todo mí pasado como con niebla, en blanco y negro.
Finalmente llegué a ser el número uno, pero no como cómico, sino como adicto. Nunca vi a nadie que fuera tan vicioso ni que se metiera tanto como yo. Para que os hagáis una idea un gramo de cocaína son una ocho rayas y suele durar toda la noche. Pues yo llegué a esnifar 7 gramos en cuatro horas. Es decir 56 rayas.
Paradójicamente en este sketch interpreto a un yonki.
Nunca quise ver lo que realmente me estaba pasando.
Los primeros años me fue fácil ocultar mi adicción. Ya que físicamente no se me notaba al ser mas bien fuerte y atlético.
Nunca me drogué de día a no ser que hubiese empalmado. Cada vez que me despertaba me juraba y perjuraba que nunca más volvería a meterme. Pero al llegar la noche el demonio me poseía y tenía que salir a comprar. Cada vez que actuaba mi único deseo era acabar lo antes posible, coger la pasta e ir corriendo a pillar.
Incluso acortaba las actuaciones porque esa espera se me hacía insoportable. Así que no podía estar a un 100% ante el público.
Hasta que cometí el error de drogarme para actuar. Dicen que el público es una droga muy fuerte. Pues imagínalo combinado con cocaína. Yo no podía subirme a un escenario si antes no había esnifado. Lo que me hizo ser, probablemente, el cómico más desfasado de la historia. Era un loco.
Algunos me empezaron a llamar el Sid Vicius del humor. Actuaba completamente colocado y alcoholizado. Y mi espectáculo dejó de ser para todos los públicos para convertirse en un show brutal y absolutamente punki-hardcore.
Consumía entre uno y ocho gramos diarios. Dependiendo del día y de la pasta que tuviese.
De mi etapa de cómico drogadicto no recuerdo haber disfrutado de mis logros. Solo recuerdo hacerme kilómetros, colocarme, estar de bajón, estar de resaca y rayas discontinuas de carretera.
Esto son fotos que me hice con fans en las que aparezco completamente colocado.
Psicologicamente estaba destrozado y pronto empecé a adelgazar y a descuidarme. En estas fotos se puede observar mi degradación física.
Esta que veis abajo me la hice en Portugal, dos días antes de ingresar en mi primer centro de desintoxicación.
Pasé cuatro meses ingresado, que no valieron para mucho. En cuanto salí, me volví a drogar.
Me convertí en una persona muy triste, que odiaba la vida.
Es curioso hacer reír a la gente cuando tú estás completamente deprimido.
Todos mis días eran grises. Mis ilusiones, mi trabajo, mis relaciones personales se fueron consumiendo en la adicción. Con el tiempo todo dejó de importarme y tuve varios episodios de sobredosis. Llegando a ingresar en el hospital en tres ocasiones. Una de ellas a punto de morir. Y cuando tomé conciencia de mi propia muerte experimenté una liberación tan grande que puedo decir que fue uno de los momentos más felices de mi vida. Morirme era mi mayor ilusión. Acabar con todo cuanto antes.
En la última etapa, ya no podía levantarme de la cama ni trabajar. Tuve que suspender mis actuaciones. Me pasaba el día tirado en el sofá.
Mi cuerpo, mi actitud y mi fatiga física y mental ya no me permitían hacer nada. Encima comenzaron los temblores crónicos por lo que a veces no era capaz ni de coger un vaso. Mis días de gloria terminaron. Tuve varios intentos de suicidio y dejé de comer (y casi de vivir).
Solo pensaba en esto:
Y ese momento llegó. Me diagnosticaron una grave enfermedad tiroidea y me llevé una alegría inmensa. Me dijeron que no tocase la cocaína bajo ningún concepto ya que tenía riesgo de infarto y de colapso total. Pero eso no me frenó, al contrario, me motivó a drogarme y destrozarme mucho más.
Un amigo me llevó unos días a su casa. Tenía un ataúd de verdad. Caí en la tentación de meterme dentro.
Sentí una paz inmensa en ese espacio claustrofóbico. Incluso empecé a fantasear, con qué postura, me gustaría tener cuando estuviese mi cuerpo expuesto en un velatorio de verdad.
Empecé a perder el norte. Me volví una persona muy susceptible, conflictiva e insoportable. En consecuencia, tuve varios episodios psicóticos. Incluso me echaron del centro de desintoxicación de mi barrio. Todo un logro porque en estos sitios jamás echan a nadie.
¿Cómo dejé la cocaína?
Pues cayéndome y volviéndome a levantar, cayéndome y volviéndome a levantar, cayéndome y volviéndome a levantar… habiendo descendido a los infiernos.
Si nunca has estado en el infierno… jamás podrás apreciar el cielo.
Y por supuesto, y lo más importante para dejar atrás una adicción es teniendo una motivación. Y mi motivación, era contar mi historia de adicto y poder ayudar a la gente.
La clave para dejar la droga es vencer al síndrome de abstinencia.
Cuando me había hundido en lo más bajo me vino una iluminación. Me dije: ¿Por qué no hago público mi problema para tratar de ayudar a otras personas que estén en mi misma situación?...
Así que decidí convertir mi problema en un proyecto. Empecé a escribir mi libro junto al psicólogo Rafael Millán, que es una mezcla entre un manual de información de cocaína y mi propia historia de adicto. Es un libro de autoayuda, información y superación.
Como refuerzo me fui muy lejos de España. Me fui a Perú, a la selva amazónica a vivir con chamanes y superar mi adicción desde un punto de vista alternativo a todas las terapias que había conocido. Sus terapias se basan en sesiones de ayahuasca.
Algo imposible de valorar en Europa. Y me funcionó muy bien.
Estas son las fotos que me hicieron momentos antes de entrar a la comunidad terapeútica de Takiwasi. Pesaba 56 kilos. Aunque cuando me hice estás fotos ya llevaba unos meses sin drogarme. Mi delgadez se debía a que dejé de hacer deporte y aborrecía la comida.
Allí compartí experiencia con otros adictos de otros países. La mayoría eran artistas de todo el mundo. Pintores, actores, músicos...
Aquí es donde hacíamos las tomas de ayahuasca por las noches.
La ayahuasca me hizo enfrentarme a todos mis demonios. Tras una temporada allí llegue a España rehabilitado, con 15 kilos más y sin temblores. Incluso milagrosamente, me recupere de mi enfermedad tiroidea.
Pronto se publicará mi libro donde podréis encontrar, entre otras muchas cosas, mi trágica historia completa y mi increíble recuperación.
Próximamente voy a dar conferencias de motivación sobre “cómo superar a tus demonios”, impartiéndolas en Universidades, Institutos, empresas, ayuntamientos…
Para más información sobre mis conferencias: management@palomaguillen.es
Mi adicción ha merecido la pena ya que estoy ayudando a gente que está viviendo la situación por la que pasé yo. Ahora colaboro de manera altruista con madridpsicologia.com, junto al psicólogo y terapeuta Rafael Millán.
Si conoces a alguien en esta situación o tú mismo estás atrapado, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Te orientaremos en lo que necesites.
LA INCREÍBLE HISTORIA DE GUSTAVO BIOSCA
Siempre he sido muy irónico y muy bromista. Pero, por primera vez en mi vida voy a ser serio y lo que os voy a contar es lo más fuerte que me ha pasado. Como humorista podría haber metido algún chiste en esta historia pero lo que voy a contar no tiene ninguna gracia.
Empezaré diciendo que fui un cómico reconocido, con muchos amigos y una interesante carrera artística, pero que mi vida fue truncada por la cocaína.
Quizás me recordéis como “el cómico suicida”.
Hacía actuaciones kamikazes en las que corría peligro mi vida: irme a una taberna vasca como “el mago español”…
Meterme con los manifestantes franquistas del 20N :
O pasarme por el poblado marginal de las barranquillas a gritar a los toxicómanos
“hola yonkis de Madrid.”
Esto, por cierto, fue muy comentado, y mucha gente me criticó duramente por burlarme de los adictos.
Lo que no sabían es que yo era un yonqui, como ellos. Y que mi propia vida era mi mayor “bolo suicida”.
Además de cómico, antimago y provocador,
participé en varios programas de televisión como colaborador y guionista.
Mi personaje era tan innovador que llamó la atención de representantes y periodistas. Aquí me veis en una entrevista del programa “la ventana” de Cadena Ser.
Tenía entre 80 y 120 actuaciones al año por toda España. En otras palabras, entre 3.000 y 7.000 euros al mes. Tenía cientos de amigos, cierta fama, mucho dinero y, además, creo que era bueno actuando.
Pero… un demonio se cruzó en mi camino y me lo arrebató todo.
Este demonio había entrado en mi vida unos años antes. Yo era el típico tío de la noche al que le gustaba drogarse. Especialmente cocaína, alcohol y éxtasis. Pero ser un personaje conocido y tener tanto dinero me pasó factura, y el precio a pagar fue el infierno de una terrible adicción.
Por eso recuerdo todo mí pasado como con niebla, en blanco y negro.
Finalmente llegué a ser el número uno, pero no como cómico, sino como adicto. Nunca vi a nadie que fuera tan vicioso ni que se metiera tanto como yo. Para que os hagáis una idea un gramo de cocaína son una ocho rayas y suele durar toda la noche. Pues yo llegué a esnifar 7 gramos en cuatro horas. Es decir 56 rayas.
Paradójicamente en este sketch interpreto a un yonki.
Nunca quise ver lo que realmente me estaba pasando.
Los primeros años me fue fácil ocultar mi adicción. Ya que físicamente no se me notaba al ser mas bien fuerte y atlético.
Nunca me drogué de día a no ser que hubiese empalmado. Cada vez que me despertaba me juraba y perjuraba que nunca más volvería a meterme. Pero al llegar la noche el demonio me poseía y tenía que salir a comprar. Cada vez que actuaba mi único deseo era acabar lo antes posible, coger la pasta e ir corriendo a pillar.
Incluso acortaba las actuaciones porque esa espera se me hacía insoportable. Así que no podía estar a un 100% ante el público.
Hasta que cometí el error de drogarme para actuar. Dicen que el público es una droga muy fuerte. Pues imagínalo combinado con cocaína. Yo no podía subirme a un escenario si antes no había esnifado. Lo que me hizo ser, probablemente, el cómico más desfasado de la historia. Era un loco.
Algunos me empezaron a llamar el Sid Vicius del humor. Actuaba completamente colocado y alcoholizado. Y mi espectáculo dejó de ser para todos los públicos para convertirse en un show brutal y absolutamente punki-hardcore.
Consumía entre uno y ocho gramos diarios. Dependiendo del día y de la pasta que tuviese.
De mi etapa de cómico drogadicto no recuerdo haber disfrutado de mis logros. Solo recuerdo hacerme kilómetros, colocarme, estar de bajón, estar de resaca y rayas discontinuas de carretera.
Esto son fotos que me hice con fans en las que aparezco completamente colocado.
Psicologicamente estaba destrozado y pronto empecé a adelgazar y a descuidarme. En estas fotos se puede observar mi degradación física.
Esta que veis abajo me la hice en Portugal, dos días antes de ingresar en mi primer centro de desintoxicación.
Pasé cuatro meses ingresado, que no valieron para mucho. En cuanto salí, me volví a drogar.
Me convertí en una persona muy triste, que odiaba la vida.
Es curioso hacer reír a la gente cuando tú estás completamente deprimido.
Todos mis días eran grises. Mis ilusiones, mi trabajo, mis relaciones personales se fueron consumiendo en la adicción. Con el tiempo todo dejó de importarme y tuve varios episodios de sobredosis. Llegando a ingresar en el hospital en tres ocasiones. Una de ellas a punto de morir. Y cuando tomé conciencia de mi propia muerte experimenté una liberación tan grande que puedo decir que fue uno de los momentos más felices de mi vida. Morirme era mi mayor ilusión. Acabar con todo cuanto antes.
En la última etapa, ya no podía levantarme de la cama ni trabajar. Tuve que suspender mis actuaciones. Me pasaba el día tirado en el sofá.
Mi cuerpo, mi actitud y mi fatiga física y mental ya no me permitían hacer nada. Encima comenzaron los temblores crónicos por lo que a veces no era capaz ni de coger un vaso. Mis días de gloria terminaron. Tuve varios intentos de suicidio y dejé de comer (y casi de vivir).
Solo pensaba en esto:
Y ese momento llegó. Me diagnosticaron una grave enfermedad tiroidea y me llevé una alegría inmensa. Me dijeron que no tocase la cocaína bajo ningún concepto ya que tenía riesgo de infarto y de colapso total. Pero eso no me frenó, al contrario, me motivó a drogarme y destrozarme mucho más.
Un amigo me llevó unos días a su casa. Tenía un ataúd de verdad. Caí en la tentación de meterme dentro.
Sentí una paz inmensa en ese espacio claustrofóbico. Incluso empecé a fantasear, con qué postura, me gustaría tener cuando estuviese mi cuerpo expuesto en un velatorio de verdad.
Empecé a perder el norte. Me volví una persona muy susceptible, conflictiva e insoportable. En consecuencia, tuve varios episodios psicóticos. Incluso me echaron del centro de desintoxicación de mi barrio. Todo un logro porque en estos sitios jamás echan a nadie.
¿Cómo dejé la cocaína?
Pues cayéndome y volviéndome a levantar, cayéndome y volviéndome a levantar, cayéndome y volviéndome a levantar… habiendo descendido a los infiernos.
Si nunca has estado en el infierno… jamás podrás apreciar el cielo.
Y por supuesto, y lo más importante para dejar atrás una adicción es teniendo una motivación. Y mi motivación, era contar mi historia de adicto y poder ayudar a la gente.
La clave para dejar la droga es vencer al síndrome de abstinencia.
Cuando me había hundido en lo más bajo me vino una iluminación. Me dije: ¿Por qué no hago público mi problema para tratar de ayudar a otras personas que estén en mi misma situación?...
Así que decidí convertir mi problema en un proyecto. Empecé a escribir mi libro junto al psicólogo Rafael Millán, que es una mezcla entre un manual de información de cocaína y mi propia historia de adicto. Es un libro de autoayuda, información y superación.
Como refuerzo me fui muy lejos de España. Me fui a Perú, a la selva amazónica a vivir con chamanes y superar mi adicción desde un punto de vista alternativo a todas las terapias que había conocido. Sus terapias se basan en sesiones de ayahuasca.
Algo imposible de valorar en Europa. Y me funcionó muy bien.
Estas son las fotos que me hicieron momentos antes de entrar a la comunidad terapeútica de Takiwasi. Pesaba 56 kilos. Aunque cuando me hice estás fotos ya llevaba unos meses sin drogarme. Mi delgadez se debía a que dejé de hacer deporte y aborrecía la comida.
Allí compartí experiencia con otros adictos de otros países. La mayoría eran artistas de todo el mundo. Pintores, actores, músicos...
Aquí es donde hacíamos las tomas de ayahuasca por las noches.
La ayahuasca me hizo enfrentarme a todos mis demonios. Tras una temporada allí llegue a España rehabilitado, con 15 kilos más y sin temblores. Incluso milagrosamente, me recupere de mi enfermedad tiroidea.
Pronto se publicará mi libro donde podréis encontrar, entre otras muchas cosas, mi trágica historia completa y mi increíble recuperación.
Próximamente voy a dar conferencias de motivación sobre “cómo superar a tus demonios”, impartiéndolas en Universidades, Institutos, empresas, ayuntamientos…
Para más información sobre mis conferencias: management@palomaguillen.es
Mi adicción ha merecido la pena ya que estoy ayudando a gente que está viviendo la situación por la que pasé yo. Ahora colaboro de manera altruista con madridpsicologia.com, junto al psicólogo y terapeuta Rafael Millán.
Si conoces a alguien en esta situación o tú mismo estás atrapado, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Te orientaremos en lo que necesites.