#2 Ya sabéis, primero los controladores, luego los profesores, médicos, farmacéuticos, funcionarios, mineros... y ahora condutores de autobús... Si logran ponernos a todos en contra de cualquiera que levante la voz, seremos un pueblo sometido.
#19#2 Lo que pasa es que este es un país lleno de envidiosos, y con el tema de los controladores se vio claramente.
El gobierno cometió el atropello mas grande que se ha hecho con un colectivo desde que estamos en democracia, pero como es gente que gana mucho dinero la gente se puso es su contra.
Si es que hasta cuando los conductores del metro de Madrid protestaban por que les quitaban un 5% había gente que se quejaba...
#50#2 No sé por qué hablas en futuro. La realidad me dice que es lo que somos, y hace bastantes años de ello, cada vez es más fácil darse cuenta, aunque algunos siguen en sus mundos de "mientras no me toque a mi ...".
#55#2 Ya somos un pueblo sometido. Un pueblo en el que la mayoría es capaz de sacarse un ojo con tal de ver al otro ciego. Permíteme que te cuente un chascarrillo que cuento aquí de vez en cuando y que ilustra bien esta situación.
El pasado 26 de diciembre, sobre las 8.15 de la mañana, circulaba yo en mi bicicleta por una carretera secundaria del interior de la provincia de Valencia cuando sin venir a cuento y sin mediar provocación alguna me ví increpado por un señor que no conocía y que estaba trabajando en una viña junto a la carretera: ¡Aquí! -gritaba el cenutrio como un jodido poseso- ¡Aquí deberías estar, currando, y no de paseo con la bicicletita! Esto no es literal pero la cosa iba más o menos en esos términos. En otras circunstancias, tal vez hace diez años, me habría bajado de la bicicleta y le habría hecho una cara nueva al cenutrio aquel. Ese día sin embargo, seguí mi camino pensativo: Vaya -me dije-. Así cómo vamos a mejorar si el mejor uso que se nos ocurre para darles a nuestros pies no es caminar sino pisarle el cuello al vecino. Aclarar que ese día yo volvía del trabajo a casa después de un turno bastante duro; en bicicleta y con una temperatura de unos tres grados bajo cero, porque el coche lo necesitaba más mi pareja que yo y no nos podemos permitir tener dos. También mencionar que el fulano en cuestión tenía aparcado en las inmediaciones un flamante todoterreno; y no era un coche de batalla para llevar al campo, sino un SUV que no bajaría de los 30 o 40.000 euros.