#22#16 y #17, tal vez habéis hecho una lectura un poco lineal de mi comentario, que iba en la dirección de lo que escribe #21. Yo también estuve ayer en la movilización por los recortes en la universidad. ¿Cuántos estudiantes universitarios hay en Barcelona? ¿200.000? ¿Y cuántos estaban ayer en la calle? Soy desastrosa calculando, pero te aseguro que no llegaban a 1000. He visto a los yayoflautas de Bellvitge con sus banquitos playeros para resistir el cierre de su ambulatorio, y me he preguntado dónde cojones están sus nietos.
Hay palabras que diluyen la responsabilidad. Una es “ninguno”. Otra es “todos”. Las movilizaciones no pueden ser paseos familiares cuando hace bueno para sacar fotos y subirlas al Facebook. Esto es una lucha, señores. Hay que empezar a organizar la resistencia, o corremos el riesgo de transformarnos en una imagen bonita e inocua que circula por internet. Los jóvenes tienen una energía que desgraciadamente yo ya no tengo (a pesar de que tiro de reservas y me apunto a todo lo que puedo). Su grupo de pertenencia es mucho más permeable que el mío, con la cabeza comida por Tele5 y el peso de la hipoteca en su espalda. Tienen la universidad, el lugar perfecto para aprender y crear (y no sólo ciencia). En número, son muchos más. Y es a ellos a quien temen los gobiernos. ¿Sabéis lo que me dijo ayer un mosso? “No vaya por ahí, señora, que puede haber follón”. No sé si reírme o llorar.
Hay palabras que diluyen la responsabilidad. Una es “ninguno”. Otra es “todos”. Las movilizaciones no pueden ser paseos familiares cuando hace bueno para sacar fotos y subirlas al Facebook. Esto es una lucha, señores. Hay que empezar a organizar la resistencia, o corremos el riesgo de transformarnos en una imagen bonita e inocua que circula por internet. Los jóvenes tienen una energía que desgraciadamente yo ya no tengo (a pesar de que tiro de reservas y me apunto a todo lo que puedo). Su grupo de pertenencia es mucho más permeable que el mío, con la cabeza comida por Tele5 y el peso de la hipoteca en su espalda. Tienen la universidad, el lugar perfecto para aprender y crear (y no sólo ciencia). En número, son muchos más. Y es a ellos a quien temen los gobiernos. ¿Sabéis lo que me dijo ayer un mosso? “No vaya por ahí, señora, que puede haber follón”. No sé si reírme o llorar.